El “no-soy-feminista-pero”

ene 11, 2013

Hace poco, en una cena literaria, una escritora me dijo que echaba de menos mis artículos feministas en un medio de comunicación con el que colaboré durante un tiempo.

Otro escritor de la mesa dijo que aquel ─el de las discriminaciones hombre-mujer─ era un tema que nunca se había planteado, porque había estudiado en una escuela mixta y tenía dos hijas muy capacitadas. Dos hijas muy capacitadas, le dije yo, que probablemente se encontraran con muchas dificultades para hacer valer su valía frente a la de los hombres. Como ejemplo, le cité el caso de Carme Riera ─también presente en nuestra mesa─, nombrada miembro de la Real Academia de la Lengua en 2012, con años de retraso respecto a otros muchos escritores varones con menos méritos que ella.

Los argumentos de este hombre resultan sorprendentes puesto que vienen a ser como decir que nunca te has planteado la pobreza porque has nacido rico. De todas formas, no es la primera vez que me encuentro con algo así: tengo dos amigas que argumentan que no son feministas porque nunca han sufrido ninguna discriminación, a pesar de que, como yo, nacieron en los primeros años cincuenta, época en la que, por poner sólo un ejemplo, los chicos llegaban a la mayoría de edad dos años antes que las chicas. Ellas creen que me hice feminista porque tuve la mala suerte de encontrarme con determinados problemas o porque crecí en una determinada familia y fui a una escuela en particular…

En realidad, me hice feminista porque tenía los ojos abiertos y no podía dejar de ver las desigualdades que las mujeres sufrían en nuestra sociedad. Y también porque era consciente de la lucha que muchas mujeres antes de que yo habían llevado a cabo para que yo pudiera vivir mejor y pudiera, por ejemplo, acceder a la universidad. Sentía que era mi deber coger el testigo de esa lucha.

Por eso, tampoco entiendo a las mujeres que dicen que “ya no hay que ser feminista”, como soltó hace poco Carla Bruni en la edición francesa de Vogue, ni tampoco a las que dicen que “no son feministas pero están a favor de la igualdad entre mujeres y hombres”, como Demi Moore o también alguien más cercano a nosotros, Núria de Gispert, cuando en la anterior legislatura hizo su discurso como Presidenta del Parlamento de Cataluña.

Pero, ¿que creen estas mujeres que significa ser feminista si no es defender los derechos de las mujeres y buscar la igualdad? O sea, ser feminista es luchar para que mujeres preparadas y capaces lleguen a los mismos lugares de responsabilidad que ellos; es luchar para que las tareas de casa y el cuidado de los niños y niñas y de las personas mayores sea compartido al 50% con los hombres; es luchar para erradicar la violencia de género; es luchar para garantizar la salud sexual y reproductiva… En definitiva, ser feminista es luchar no contra los hombres sino contra un sistema ─el patriarcal─, que es el origen de las desigualdades.

Por eso me encantó la respuesta de Zooey Deschanel, actriz, cantante y compositora, que, cuando se le preguntó sobre esta oleada de “no-soy-feminista-pero…”, contestó sin tapujos que ella reivindica el feminismo y quiere ser modelo de mujer, de feminista y tener éxito al mismo tiempo. Y es que, aunque muchos no quieran que se así, se puede ser una mujer joven y con éxito y continuar luchando por la igualdad.